Un cura para un problema sin cura

Por Augusto Álvarez Rodrich

Más allá del resultado de la negociación para resolver el conflicto social en Las Bambas, el cual aún se vislumbra muy complicado, el proceso ha permitido la reaparición de la iglesia católica como instancia para facilitar la solución de conflictos que no se resuelven por los canales institucionales regulares.

El pedido inicial del gobierno para buscar un mediador se lo hicieron al cardenal Pedro Barreto, quien con mucho tino llevó el encargo a la Conferencia Episcopal Peruana (CEP) con el fin de que la misión sea más institucional que personal.

Eso trasladó el encargo al presidente de la CEP, Monseñor Miguel Cabrejos, quien está desarrollando un esfuerzo valioso y, sobre todo, ajustado a lo que se espera de su papel.

El mismo no es otro que la creación de las condiciones apropiadas para llevar a las partes del conflicto –comuneros, empresa y estado– a la mesa de diálogo, con la confianza de que ahí encontrarán un espacio propicio para el debate, negociación e identificación de soluciones que sean satisfactorias y realistas para la atención de los intereses de cada uno.

En este sentido, no se espera que la iglesia católica solucione el problema, pues ni es el encargo que le hacen ni está preparada para hacerlo, sino solo que construya espacios adecuados que ayuden a las partes en conflicto a llegar a buen puerto.

Así, la misión que le corresponde a la CEP es la de convocar e invocar al diálogo como mecanismo de solución de los conflictos sociales, y no sería su responsabilidad, incluso, si no se llegara a una solución final, como ocurrió en el caso de Conga, durante el gobierno del presidente Ollanta Humala, y en el que también fue convocado Monseñor Cabrejos.

Al paso que van las cosas en el país, es probable que la iglesia católica reciba más pedidos para actuar de mediador de conflictos, lo cual estará muy bien si –como en el caso de Las Bambas– entiende los límites de esta misión.

Todo esto para desdicha del cardenal Juan Luis Cipriani, quien no se cansa de criticar la participación de la iglesia en estos problemas seguramente porque a él no lo llamaría nadie para resolver un problema social.

Fuente: La República Web

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