Reflexión de la Semana: Contemplamos con Atanasio al hijo de Dios

Estos primeros días de mayo hemos recordado algunos eventos muy significativos en la vida del cristiano: la Fiesta de San José Obrero, la Fiesta de San Atanasio y la Fiesta de la Santa Cruz, que en el Perú la celebramos de modo festivo en Mayo.

Queremos encontrar un hilo conductor de estos tres eventos que fortalecen e iluminan nuestra fe en Cristo el Hijo de Dios: Hombre verdadero y Dios verdadero. En la Exhortación Apostólica Redemptoris Custus, San Juan Pablo II, nos decía: «Precisamente José de Nazaret “participó” en este misterio como ninguna otra persona, a excepción de María, la Madre del Verbo Encarnado. Él participó en este misterio junto con ella, comprometido en la realidad del mismo hecho salvífico, siendo depositario del mismo amor, por cuyo poder el eterno Padre nos predestinó a la adopción de hijos suyos por Jesucristo (Ef 1, 5)»

Con claridad y fuerza, San Atanasio, reafirma y explica este misterio de nuestra fe, diciendo: “Nosotros no adoramos a una criatura. Lejos de nosotros tal pensamiento, que es un error más bien propio de paganos y de arrianos. Lo que nosotros adoramos es el Señor de la creación hecho hombre, el Verbo de Dios. Porque aunque en si misma la carne sea una parte de la creación, se ha convertido en el cuerpo de Dios. Nosotros no separamos el cuerpo como tal del Verbo, adorándolo por separado, ni tampoco al adorar al Verbo lo separamos de la carne, sino que sabiendo que «el Verbo se hizo carne», le reconocemos como Dios aun cuando está en la carne (Epistola ad Adelphium, 3.).

Nuestra fe en el Hijo de Dios, hecho niño en Belén y crucificado en Jerusalén, contempla el “ciclo” de la encarnación. Por eso, la cruz une este profundo misterio e ilumina nuestro caminar, como dice el Papa Francisco: «Queridos hermanos, la palabra de la Cruz es también la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Los cristianos deben responder al mal con el bien, tomando sobre sí la Cruz, como Jesús».

Con San José contemplemos el misterio de la encarnación, como San Atanasio defendamos la verdad del Hijo de Dios hecho hombre, y con la fe de nuestro pueblo, enarbolemos el símbolo de la Cruz que grita el misterio pascual con esperanza.

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