Segundo domingo: conversión

 

Durante la segunda semana de Adviento, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación del profeta Juan Bautista: «Preparen el camino, Jesús llega». Esta vez el camino será directamente, la semana pasada se buscó una reconciliación con la familia y el entorno más cercano, ahora es propicio buscar la reconciliación con Dios. Cuidar el vínculo con el Padre. La Iglesia nos invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación, o Confesión, que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos perdido por el pecado. 

 

Esta es la semana ideal para acudir a algún templo o parroquia cercana y confesarnos. De esta forma, estaremos preparando interiormente nuestro espíritu para la llegada de nuestro Salvador.

 

Encendamos entonces la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.

 

Oración inicial:

«Señor Jesús, estamos cerca de vivir un gran acontecimiento: tu nacimiento en medio de nosotros. Juan el Bautista anunció tu llegada pidiendo a los hombres que se arrepintieran de corazón. Hoy, nosotros, arrepentidos, te pedimos perdón a Ti, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén».

 

Oración frente a la corona:

«Los profetas mantenían encendida la esperanza de Israel. Nosotros, como un símbolo, encendemos estas dos celas. El viejo tronco está rebrotando, florece el desierto. La humildad entera se estremece porque Dios se ha sembrado en nuestra carne. Que cada uno de nosotros, Señor, te abra su vida para que brotes, para que florezcas, para que nazcas y mantengas en nuestro corazón encendida la esperanza. ¡Ven pronto, Señor. Ven, Salvador!

 

Meditación:

Meditamos en silencio las palabras de Juan el Bautista y dialogamos en familia con esta pregunta: ¿Qué piedras encontramos en el camino a nuestro corazón que le impiden llegar a Jesús? ¿Por qué es necesaria la conversión para el perdón de los pecados?

 

Peticiones:

A cada petición respondemos: ¡Señor, cambia nuestro corazón!

– Porque somos egoístas y orgullosos.

– Porque nos cuesta perdonar las ofensas.

– Porque somos envidiosos y celosos.

Se pueden agregar otras peticiones/intenciones de la familia.

 

Oración final:

«Querida Virgen María, Tú sabes que nuestro camino al corazón está lleno de piedras, que no dejan que tu Hijo Jesús pueda venir a nosotros. Te pedimos tu ayuda para sacar estos obstáculos del camino y permitir que El pueda nacer en nosotros esta Navidad. Amén»

 

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