Comentario de la Semana [25 – 29 marzo]

EL PADRE MISERICORDIOSO

En el camino cuaresmal la reflexión sobre la parábola del hijo pródigo marca la conversión cristiana con la luz de la misericordia. Nos enseñaba San Juan Pablo II en febrero de 1999: “Son tres los momentos claves en la historia de este joven, con el que cada uno de nosotros, en cierto sentido, nos identificamos cuando cedemos ante la tentación y caemos en el pecado”.

 

El primer tiempo de la conversión es denominado como el “momento del alejamiento”. En este momento “dilapidamos con gran ligereza” los talentos y dones que Dios nos ha dado. Y agregaba el Papa: “El pecado es siempre un despilfarro de nuestra humanidad, despilfarro de valores muy preciosos, como la dignidad de la persona y la herencia de la gracia divina”.

 

En la experiencia del hijo prodigo el despilfarro, el derroche y el mal gasto de su fortuna lo llevan a una experiencia de humillación (debe cuidar los cerdos) y de soledad (lo han abandonado todos). En ese dolor interior recapacita y camina al segundo momento que es el de la conversión; como subraya el Papa: “La certeza de que Dios «es bueno y me ama» es más fuerte que la vergüenza y que el desaliento: ilumina con una luz nueva el sentido de la culpa y de la propia indignidad”. Y le permite desear la vuelta a la casa de su Padre.

 

Refiriéndose al tercer momento de la experiencia del hijo pródigo “el momento del regreso”, decía el Papa: “Es conmovedora esta escena evangélica, que manifiesta con numerosos detalles la actitud del Padre celestial, «rico en misericordia» (Ef 2, 4). Efectivamente, el Padre no lo reprocha, no lo avergüenza ni lo rechaza, al contrario, sale a su encuentro, lo abraza, lo reviste e invita a todos a una fiesta.

 

Guillermo Inca Pereda

Secretario Adjunto

Conferencia Episcopal Peruana

 

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