Fray Joaquín Ferrer, el misionero que fundó un albergue para los niños rescatados del terrorismo en el Vraem

Fuente: Provincia Misionera San Francisco Solano del Perú, OFM 

Para quienes lo conocieron de cerca, el  Padre Fray Joaquín Ferrer Beniel fue un ángel caído del cielo, un fiel servidor de Dios que no dudó en ayudar a los pueblos de la selva central que fueron golpeados por la violencia armada interna vivida en el Perú.

Tal como se narra en el documental realizado por Azul Corporación para la «Provincia Misionera San Francisco Solano del Perú, OFM», allá por la década de los ochenta, el entonces Obispo Vicario Apostólico de San Ramón designó al misionero español, procedente de Valencia, Párroco de la Misión Franciscana de Mazamari, un pequeño distrito de la provincia de Satipo (Junín) que integra la zona más azotada del país por el narcotráfico y el terrorismo: el Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (Vraem).

Cuando el franciscano llegó a esta parte del país, en el año 1996, encontró a muchos pequeños huérfanos víctimas del terrorismo. Según algunos testimonios, uno de ellos se le acercó para pedirle ayuda. La trágica historia del menor era uno de tantos casos que había en la selva peruana. Esta difícil situación fue suficiente para que el Padre Ferrer se diera cuenta de lo importante que era contar con un hogar que los cobije.

Padre Joaquín Ferrer en plena misa. Foto: Vicariato de Requena

Aldea del niño

Así surgió la idea de fundar la «Aldea del Niño Beato Junípero Serra», en honor al franciscano español que encabezó varias misiones en el continente americano. El albergue vio la luz en el año 2001. Una vez puesto en funcionamiento atendió a los huérfanos de diversas comunidades nativas de las etnias asháninka, nomatsigenga, kakinte, shipibos, yines, yaneshas y quechuas.

Para el también Capellán de las Fuerzas Especiales de la Policía Nacional del Perú «Los Sinchis», uno de los objetivos primordiales de esta aldea infantil es ofrecer unas instalaciones dignas y buena calidad de vida para los menores y adolescentes que provienen de zonas empobrecidas y castigadas por la violencia política que sufrió el país. 

En sus primeros años, la aldea albergó a 70 niños rescatados del terrorismo, a quienes se les dio de forma gratuita alimentación, educación y asistencia médica. Hoy el lugar cobija a más de 300 menores y la escuela atiende a cerca de 700 estudiantes que conservan sus lenguas y tradiciones mediante una educación multicultural. 

Si bien el Padre Joaquín Ferrer partió al cielo en 2011, la «Aldea del Niño Beato Junípero Serra» todavía continúa funcionando bajo la administración de Congregación de Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Copacabana. En estos últimos años, las religiosas han sumado al legado del misionero español otros aportes importantes como talleres de carpintería y costura. 

Aldea del Niño. Foto: Azul Corporación

Más obras sociales

Además de la Aldea del Niño, el Padre Fray Joaquín Ferrer Beniel dedicó mucho tiempo y esfuerzo en conseguir ayudas económicas para diseñar, construir, equipar e implementar el actual Hospital San Martín de Porres de Pangoa. Este nosocomio se inauguró en 1996 y atendió a las personas de escasos recursos económicos que llegaban de todos los rincones de la provincia, reduciendo la gran demanda de pacientes del pequeño hospital en Satipo. 

Paralelo a la construcción del Hospital, el sacerdote Ferrer junto al Párroco de San Martín de Pangoa iniciaron diversas acciones de motivación y contacto con entidades educativas de la capital, logrando crear el Centro de Educación Ocupacional «San Juan Bautista» de Mazamari, donde se brinda especialidades de carpintería, corte y confección y mecanografía.

Hospital de San Martín de Pangoa. Foto Archivo: Vicariato de Requena

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