Comentario de la semana [13 – 17 agosto]

Dios en María vence el mal

 

Hemos celebrado recién la fiesta de la Asunción de María, dogma de nuestra fe, proclamado por el Papa Pío XII con la constitución apostólica Munificentíssimus Deus, del 1ro de Noviembre de 1950. Y expresión de fe presente en muchos de nuestros pueblos de las tres regiones de nuestra patria.

 

Como todo dogma de fe, la Asunción de María hunde sus raíces en la Sagrada Escritura y en la Tradición. Decía San Juan Pablo II en 1997: “La misma tradición eclesial ve en la maternidad divina la razón fundamental de la Asunción. (…) Se puede afirmar, por tanto, que la maternidad divina, que hizo del cuerpo de María la residencia inmaculada del Señor, funda su destino glorioso”.

 

Quien de manera muy accesible explica las razones de la Asunción fue San Juan Damasceno. El afirmaba: “Convenía que aquella que en el parto había conservado intacta su virginidad conservara su cuerpo también después de la muerte libre de la corruptibilidad. Convenía que aquella que había llevado al Creador como un niño en su seno tuviera después su mansión en el cielo. Convenía que la esposa que el Padre había desposado habitara en el tálamo celestial… Convenía que la Madre de Dios poseyera lo mismo que su Hijo y que fuera venerada por toda criatura como Madre y esclava de Dios.”

 

Reflexionando sobre la Asunción de María, el Papa Francisco nos invita a contemplar este misterio y nos dice: “nos muestra que Dios quiere salvar al hombre entero, su alma y su cuerpo. Jesús resucitó con el cuerpo que había recibido de María; y ascendió al Padre con su humanidad transfigurada”.

 

Esta fiesta es primicia del “anhelo” de Dios para el hombre y de lo que nos espera en la vida eterna.

 

P. Guillermo Inca

Secretario Adjunto

Conferencia Episcopal Peruana

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