Solidaridad que no se canse
Siempre es impactante el relato que encontramos en las “Cartas del desierto”, cuando imaginamos esas manos que quieren alcanzar la frazada que les sobra, para regalarla y así abrigar al anciano que tiembla de frío, y no pueden, porque ya no era posible: el tiempo de hacer el bien había concluido.
Los gestos de solidaridad que los peruanos estamos haciendo, desde hace un buen tiempo, frente a las inclemencias que han afectado y siguen afectando a miles de hermanos nuestros, van dibujando un rostro nacional que sabe escuchar el dolor ajeno y aprende a extender oportunamente su mano generosa.
Es un triunfo sobre el egoísmo y la indiferencia. En ese sentido conviene recordar lo que enseña el Papa Francisco:“cuando el ser humano se entrega a las fuerzas ciegas del inconsciente, de las necesidades inmediatas, del egoísmo, su libertad se enferma”. La caridad sana el alma y cuida el cuerpo.
La caridad es capaz de convertir el mundo de un invernadero en un cálido hogar. Ella ha sido fuente de conversión a lo largo de la historia; como sucedió con San Pacomio, quien siendo pagano cayó preso y allí encarcelado recibió alimento y bebida, sin pedirle nada, solo por amor. Al salir libre se convirtió al cristianismo, impresionado que le trataran tan bien sin siquiera conocerlo.
Sigamos siendo un puente de solidaridad y un abrazo para el hermano en su soledad.
P. Guillermo Inca
Secretario Adjunto
Conferencia Episcopal Peruana
